El obrero de la devoción

Hay en nosotros un combate de la mente, más duro que el combate de los sentidos. El obrero de la devoción debe correr y alcanzar esta meta1 en su mente: guardar perfectamente, como una perla o una piedra preciosa2, el recuerdo de Dios en su corazón3. Y hay que renunciar a todo, incluido el cuerpo, menospreciar la misma vida presente, a fin de poseer sólo a Dios en su corazón. Pues, ha dicho el divino Crisóstomo que los espíritus demoníacos pueden destruir en la mente la visión de Dios4.


1 Cf. Flp 3,14.
2 Cf. Mt 13,44-46.
3 toû Theoû mnêmên en kardía.
4 HomJn 3.

Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 1. En Filocalía de los padres népticos, tomo 2, trad. Juan María de la Torre, Ediciones Monte Cassino, 2017, p. 499.

Es preciso tener en cuenta que cuando Filoteo el Sinaíta nos dice, por ejemplo, «hay que renunciar a todo, incluido el cuerpo, menospreciar la misma vida presente, a fin de poseer sólo a Dios en su corazón» etc., no nos sugiere rechazar el cuerpo como malo o maltratarlo, ni tratar mal a los semejantes o repudiar, en la misma vida presente, las cosas buenas que hay en la creación, sino más bien situarlas y ordenarlas en su justo sitio.

Renunciar a todo, incluido el cuerpo, quiere decir: no le des el mando, no le des la primacía a lo que te exige el cuerpo; dale el primer lugar a buscar a Dios en el corazón, al recuerdo de Dios en cada una de tus actividades y momentos. Menospreciar la vida presente, nosotros lo entendemos como no seguir los valores reinantes en el siglo, en la época actual.

elsantonombre.org

Una respuesta a «El obrero de la devoción»

  1. Una gran ayuda la aclaración. Todo hay que saberlo colocar en su sitio. Dios mío y todas mis cosas. Después de El todo en su lugar.

    Un abrazo fraterno

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