San Pablo en 1 Corintios 10, 31 dice: «Ya sea que comáis, o que bebáis, ya sea que hagáis cualquier otra cosa, hacedla para gloria de Dios». ¿Cómo se consigue esto, incluso comer o beber para gloria de Dios…?
Entiendo, hay más de una respuesta. Veamos algunas…
– Cuando uno está en la unción, es decir, en ese sentimiento de amor a Dios y por Su obra, todo lo que se hace es en cierto para gloria de Dios.
Es decir, que sería un hacer para la gloria de Dios porque toda acción está «teñida» de este sentimiento de amor o unción.
– Otra forma: hacer cada cosa, desde la más pequeña a la más grande, ofreciéndola a Dios, en oblación por otros o por acción de gracias.
Es como un diálogo interior donde uno habla con el Señor, un poco al modo del hermano Lorenzo… y le ofrece ese dolor, esa alegría, le pide por aquel hermano que se cruza en el pasillo, es un diálogo constante.
– Y podría agregar un matiz, que tiene que ver con la Presencia, con ese vivir en medio de Él como si uno pudiera reconocerse ya en el paraíso, admirando de continuo la obra de Dios en las cosas y en las personas y en lo natural.
– Quizá el apóstol lo dice también en este sentido: Que nada de lo que hagamos tenga mancha alguna, entonces serían mis acciones para gloria de Dios.
¿A qué se refiere con «mancha»?
A cualquier pecado. Cuando una acción es neutra o sin pecado es para gloria de Dios.
Es difícil de conseguir, por supuesto, pero El Señor ayuda con la gracia a quién sinceramente busca Su gloria.
Este es un resumen de todos esos modos tan gratos de actuar que a veces se tiene la gracia de vivir. Y cuando no se viven, uno debe tratar de mantenerse cerca.