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Hesiquía blog

Dos ermitaños en una cueva
  • Vivir desde la profundidad

    14 de julio de 2012
    Vivir desde la profundidad

    Fragmentos:

    ES NECESARIO VIVIR DESDE LA PROFUNDIDAD

    No es posible que se de en nosotros un nivel de conciencia mística, viviendo en el nivel de conciencia superficial.

    Es necesario hacer fondo. Vivir desde lo hondo de nosotros, desde dentro, desde “la sustancia del alma”.

    La vida del Espíritu es una sorprendente revelación de nuestra realidad fundamental y del Dios que vive en lo profundo de nosotros. Esto exige del creyente vivir desde su realidad esencial.

    Viviendo desde la profundidad, nuestra personalidad se armoniza y cada pieza de nuestro puzzle se va colocando en su sitio y aflorando nuestro rostro original.

    Viviendo en ella, nos relacionamos con las personas desde una actitud de veracidad. Es mi yo verdadero quien sale a acoger al otro con quien me relaciono.

    Desde la profundidad puedo percibir los acontecimientos en su objetividad y puedo implicarme y comprometerme con ellos en lo que desde mi verdadera realidad puede aportarles.

    Desde la profundidad capto las ataduras, las distorsiones que desde mi falso yo están interceptando la relación verdadera con todo cuanto existe. Sitúo bien las tormentas de superficie que se dan en mí.

    Por último, sólo desde la profundidad puedo adorar, puedo vivir en comunión con lo que es el Núcleo Esencial de cuanto existe.

    ASI ENTRARAS EN LA QUIETUD DE ESPIRITU

    El sosiego y la serenidad de toda la persona va introduciéndonos en una activa quietud que en su momento va siendo madurada por el don de la quietud del Espíritu.

    La verdadera quietud es intensidad de amor. Es poner en dirección de Dios todas las fuerzas, todas las capacidades, todo el corazón. Es amar si medida a quien nos ama desmesuradamente.

    La quietud es como un enraizamiento en Dios; es tenerlo a El como la única tierra en que hemos sido plantados, en la que crecemos y desde la que fructificamos.

    Va haciéndose en nosotros en la medida en que estamos cogidos por el único necesario. “Marta, Marta, aún estás cogida por muchas preocupaciones y no te das cuenta que sólo una es necesaria. María la ha encontrado y por eso, su quietud y su enraizamiento en la tierra auténtica” (Lc 10,41-42).

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    La partícula de Dios

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    Monjas del Bronx

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