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Hesiquía blog

Dos ermitaños en una cueva
  • Equilibrio

    6 de septiembre de 2011
    Instrumentos del amor de Dios

    Es importante que tengamos presente la idea de proceso, esta noción de camino en la vida espiritual. De otra manera, podemos vernos según lo que sucede en un momento, tener una mirada estática sobre nosotros mismos y creer que esa situación determinada es nuestra vida espiritual.

    Sería como quedarnos con la foto, con el fotograma, ignorando la película, el desarrollo completo de la trama. Nuestra vida es el transcurrir de una historia, el develamiento de un argumento. Siempre recordar la situación desde la cual partimos.

    Es preciso tratarse como a un amigo. Con sinceridad y con bondad. No irse a los extremos. A veces, cuando repentinamente tomamos conciencia de nuestra debilidad y miseria, nos vemos tomados por un exceso de rigor, juzgándonos con demasiada dureza. Esto puede llevarnos al desaliento, triunfando entonces en nosotros aquello que pretendíamos desterrar. El desánimo no es bueno para el espíritu, no fomenta la virtud sino todo lo contrario.

    Allí, debemos aplicar la bondad, esa mirada afectuosa que considera más las posibilidades que lo mal hecho, una esperanza de cambio hacia el futuro. Pensar en como trataríamos a un amigo que se juzgara con excesiva severidad, en como le daríamos aliento y confianza en su propia transformación.

    Del mismo modo, hemos de evitar la autocomplacencia, que montada en la tendencia de la época, relativiza toda moral y considera toda ética como arcaísmo. Mirarse con verdad interior, atreverse a reconocer lo mal hecho, las caídas y pecados cometidos en nuestro andar.

    La sobriedad incluye al equilibrio en todas las manifestaciones. Es bueno examinarse, para corregirse y rectificar y para fortalecer aquello que ha sido bueno; pero no por esta vigilancia vivir centrados en nosotros mismos, ajenos a los que nos rodean o desatendiendo las actividades mediante las cuales servimos a los demás.

    Como nos decía un hermano días atrás… no olvidarnos del amor que Dios nos tiene, ese amor que se manifiesta como una misericordia infinita y que manifiesta el salmista cuando dice:

     
    Me rodeas por detrás y por delante,
    y tienes puesta tu mano sobre mí.
    Texto propio del blog
    _____________________________________________________

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