La esencia de la plegaria no se encuentra en la reclusión del desierto, sino en el permanecer constantemente en Dios, haciendo su voluntad allí donde estemos.
Sea cuál sea la forma de vida que llevamos, y el lugar donde vivimos, la PLEGARIA permanece siempre el fin último de nuestra vida.
El camino de la plegaria empieza por la lucha contra las pasiones, en la que el espíritu se vuelve estable por la plegaria, y el corazón ve las realidades con una claridad que toca la certeza.
Entonces el espíritu empieza a callar. Y este SILENCIO del corazón nos pone en el umbral de la contemplación, a la cual TODOS somos llamados.
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Comprometerse con un proyecto de vida y seguirlo no es una tarea fácil. El primer paso creo que es verlo claro. Hay una anécdota de los Padres del Desierto bastante iluminadora:
«Una vez un perro vio una liebre y se puso a ladrar corriendo detrás de ella. Los otros perros, cuando lo vieron, se pusieron a correr como él. Todos iban juntos pero, al cabo de una hora, los otros se cansaron mientras que el que había visto la liebre no desfalleció hasta la que la encontró».
Quien no ha visto a Alguien, quien no le ha encontrado de alguna manera, quien no se siente atraído irresistiblemente por un Ideal, después de un tiempo de búsqueda, se cansa. Tan sólo persevera el que se da cuenta que la vida que ha escogido le lleva allí donde quería. El que cada día está más convencido que el proyecto iniciado vale la pena, lo continúa persiguiendo a lo largo de toda su vida.
Porque realmente el PROYECTO es capaz de llenarte hasta el último día.
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Es evidente que si vivimos agitados y nerviosos durante todo el día, no podemos pretender que en diez minutos de silencio entremos en contacto con Dios a través de una plegaria silenciosa y reposada.
El clima de silencio tiene que coger toda la vida, no por el mutismo, sino a través de una paz interior que es fruto de procurar unir tu voluntad con la de Dios.
Podríamos hablar de un estilo de vida que no se queda a flor de piel, donde sólo se está pendiente de los gustos y donde las pasiones nos traicionan constantemente. Sino de acostumbrarse a buscar las motivaciones más profundas de las acciones y donde te encuentras con Dios, que es el verdadero motor de nuestra existencia.
Podríamos decir que se entra en un clima de silencio, cuando procuras actuar dentro del ámbito del AMOR, propio de Dios. Sólo hay que pensar en la definición del amor de 1Cor 13: «el amor es paciente, es benigno, no se irrita, no tiene envidia … todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta».
Y este amor sólo puede ser vivido en una atmósfera de SILENCIO, de dominio de uno mismo, que hace posible ESCUCHAR al otro… sea una persona o sea Dios. El silencio, pues, no tendría tanto que ver con el ruido exterior, sino con las «voces» interiores. Podemos estar en «silencio» en medio de una multitud, y podemos «hablar alocadamente» estando solos en una habitación.
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Pensamientos del Monjes Silvano y anexos –
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