
Cuidémonos de sentir aversión o de condenar aquellas renuncias al mundo que parecen ser solamente fruto de una combinación de circunstancias.
Porque he visto algunos hombres que habiendo huido hacia el exilio, involuntariamente reencontraron en esas tierras a su soberano; y fueron tomados a su servicio y contados entre sus caballeros, y recibidos a su mesa y en su palacio.
He visto también que muchos granos caídos por azar sobre la tierra, germinaban y daban luego abundantes y excelentes frutos; y del mismo modo he visto lo contrario.
He visto algunos que al ir a la casa del médico por un motivo cualquiera, acertaron a recibir en ella la salud que no tenían, recuperando la vista ya casi perdida. Es así como muchas veces lo involuntario resulta más seguro y más eficaz que aquello que se hace con un propósito determinado.
«de la renunciación» – ítem 33 –
Yo he visto que muchas y diversas plantas de virtud sembradas por aquellos que viven el mundo -las cuales eran regadas con el agua cenagosa de la vanagloria, escardadas por la ostentación y abonadas con el estiércol de las alabanzas humanas — al ser trasplantadas en tierra desierta y apartada de la vista y de la compañía de los hombres, se secaban por carecer del agua maloliente de la vanidad.
Ya que las plantas que aman esa humedad no pueden producir frutos en el suelo seco y árido de los ejercicios.
«del desapego» – ítem 10 –
Para acertar en la elección del maestro, conviene que examines la naturaleza de tus pasiones e inclinaciones. Si te sientes inclinado a la lujuria y a los deleites del cuerpo, busca un padre que no le haga ningún tipo de concesiones al vientre, y no uno que deba siempre recibir huéspedes en su casa, a fin de que no se transforme este hecho en materia y ocasión de gula.
Si eres de un natural altivo y soberbio, busca un padre ferviente y duro, no uno manso ni blando.
No busquemos padres que con espíritu profético alcancen las cosas venideras, sino aquellos que sean principalmente humildes, y que por sus costumbres y por el lugar en que viven resulten más convenientes para curar nuestras enfermedades.
de la Bienaventurada Obediencia – ítem 133 –
de La Santa Escala de San Juan Clímaco
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