
«Nosotros estamos inmersos en una cultura que favorece la inteligencia, el deseo, la sexualidad, algunas veces también el ardor, la violencia en los fenómenos colectivos, pero muy poco el «corazón», en el sentido del ser más esencial de la persona.
El hombre de hoy vive esencialmente en estas tres dimensiones: La dimensión intelectual, la dimensión del ardor, de la agresividad, de la violencia, y la dimensión del seseo que es triturado sin cesar por toda la atmósfera de la época.
El problema es justamente como hacer descender la inteligencia y también hacer subir el deseo, al «corazón», que es el crisol donde van a encontrarse purificados en el fuego de la gracia y donde la persona va verdaderamente a unificarse y superarse, a unificarse y abrirse.
En el cristianismo hay toda una tradición de la repetición pacificadora que vacía en cierto modo el intelecto de su agitación, que le permite unirse al «corazón» y disponerse así a la oración. Es por ejemplo, lo que se llama «la oración de Jesús» en oriente, o «el rosario» en la iglesia latina.
… Cuando ellos rezan por primera vez, es como si algo se desgarrara. Es una experiencia que yo he vivido. Crecí en el ateísmo y en la ignorancia de la oración durante muchos años, casi hasta mis treinta.
Recuerdo que, cuando recé por primera vez, fue como una especie de desgarradura, como si toda opacidad se desgarrara y brotara una fuente que estaba obstruida, recubierta (como cuando se cava profundamente y brota el agua)
…Vivimos en un mundo en el que el silencio es pobre, vacío , triste. Por eso la gente lo llena de ruido. Hya ruido interior: el pensamiento que da vueltas, las asociaciones de ideas, los deseos, los sueños; cuando no hay eso, se gira el botón de la radio, se enciende la televisión, se hace zapping, etc.
Vivimos en un mundo de ruido constante, estamos todo el tiempo ocupados. Por ello es muy importante hacer silencia y que al mismo tiempo este silencio llegue a ser un silencio habitado.
Pienso, por otra parte, que todos los jóvenes tienen una experiencia de Dios pero que ellos mismos no lo saben. Todos han presentido el misterio. Lo han presentido en la belleza del mundo, en una obra de arte, tocando la guitarra una noche, o en el nacimiento de un amor.
Todos tienen experiencia, y hay que hacerles descubrir que no son experiencias separadas, dislocadas, sin significación, sino que se enraízan en lo profundo.
… ¿Es tan desesperadamente imposible conocer a Dios con los sentidos?
Por mi parte, yo creo que la liturgia debe permitirnos conocer a Dios con nuestros sentidos, pacificados y transfigurados, La belleza de una oración común llega a los sentidos y permite que la interioridad se despierte.
… Tienen que volver a descubrir la fuerza de la liturgia. En occidente, hay que volver a encontrar verdaderamente el sentido del misterio en las parroquias. Lo fundamental que debe transmitir la liturgia es el misterio de la resurrección: el misterio de la vida que es más fuerte que la muerte… de tal manera que cuando salimos de una iglesia y llevamos con nosotros este potencial de vida, podamos reconocer al otro como un rostro, y al mundo entero como un don y un lenguaje de Dios.
Extraído de «TAIZÉ un sentido para la vida» de Olivier Clément – Cap. 4 por ed. Lumen 2011 Argentina
Haz click si quieres comentar
_____________________________________________________
Links:


Invoca a Jesucristo y deja tu comentario, puede servir a otros.