
¿Que es lo más importante a su criterio en la vida religiosa? ¿Qué es lo esencial, eso que no puede faltar?
La experiencia íntima de Dios en el corazón. Esa certeza de su existencia, ese sentido de su presencia en cada instante mientras discurre lo cotidiano.
El propósito de la vida religiosa es facilitar el acceso a esta experiencia interior. Por supuesto cada quién la vive en su particularidad y se acerca o se aleja de ella según el camino de su propio desarrollo espiritual.
Es bueno recordar esto, no olvidar el sentido último de lo que hacemos. Más aun en estos tiempos, en los que, ademàs de una desacralización continua de las actividades humanas, impera un cierto relativismo de la fe, que creo manifiesta un nihilismo de fondo.
En cierto modo, es como si tendiera a instalarse un “hábito de la decepción”, un modo de mirar condescendiente, como si supiéramos como son todas las cosas y lo que puede esperarse de la vida. Más que una rutina en si de los aconteceres es una rutina de la mirada, un vicio en el modo de ver.
¿A su juicio, que es lo que más acerca a esta experiencia de Dios en el corazón?
La oración. Y esta, entendida no solo en su acepción particular litúrgica y/o personal, sino también como un modo de ser y de estar en la vida, como un modo de ser la conciencia pendiente de Dios, de su presencia y manifestación mientras transcurre el tiempo.
Vivimos desplegando nuestra intención entre las categorías del espacio y del tiempo; sin embargo ellas no son absolutas sino que se ven atravesadas por lo que llamaríamos la cualidad de lo eterno.
Esta cualidad divina de los aconteceres que está presente como fondo de la existencia, puede hacerse perceptible para quién con atención y amor, busca lo sagrado en los acontecimientos.
Lo que sucede puede sernos agradable o desagradable, puede darnos felicidad o en ocasiones mucho dolor; incluso muchas veces nos resulta incomprensible, no asimilable. La conducta ajena y hasta la propia suele dejarnos perplejos y atemorizados. Sin embargo, la inteligencia de la redención también se encuentra actuando allí.
¿Podría explicar un poco más esto último?
Difícilmente. Es algo que puede intuirse no del todo explicarse. Te diría que todo está hecho para nuestra redención y transformación, que el destino del hombre individual y social es bueno y perfecto, aunque no podamos verlo en ocasiones.
¿Y como puede uno hacerse oración, cómo llegar a ese estado de oración continua?
La oración de Jesús es mi camino, la invocación del Nombre, que tiende a reemplazar las divagaciones y las apetencias y que poco a poco nos va centrando en lo único necesario. Sin embargo hay diferentes maneras de orar y de acercarse a Dios.
Cada uno es llamado a recorrer cierto sendero y eso es por algo, alguna particularidad tiene esa forma a la que se inclina el corazón de cada cual que la hace necesaria, adecuada para cada quién.
En general te diría que ayuda el no gastarse en secundariedades, el centrarse en lo que es importante. No hay que olvidarse de ciertas verdades, que no nos gusta mucho recordar. Hay que acordarse de que esta vida es transitoria, de que existe la vejez, la enfermedad y la muerte y que solo ante ellas situamos las cosas en la perspectiva necesaria.
Cuando uno se acuerda de estas cosas inmediatamente se vuelve a Dios y se pregunta por el sentido de la vida. Esa pregunta, esa lacerante inquietud es la primera forma de oración que he conocido y, a la vez, la primera manifestación del amor de Dios, de su llamado íntimo y personal.
Texto propio del blog
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