
Fragmentos:
«Lo que por el momento veo con toda claridad es que no existen ni las cosas futuras ni las pretéritas… Más exacto me parece hablar de un presente de lo pretérito, un presente de lo presente y de un presente de lo futuro; porque estas tres modalidades las encuentro en mi mente pero por otras partes no las veo.
Lo que sé es que tengo una memoria presente de lo pasado, una percepción presente de lo actual y una expectación presente de lo venidero».
(de San Agustín en «Confesiones», libro XI – cap. 20)
«Cuando el pensamiento se dirige a las cosas de Dios, o a las que conducen a Él, y la voluntad progresa hasta convertirse en amor, se introduce el Espíritu Santo, Espíritu de vida que vivifica todas las cosas, ayudando en la oración, en la meditación o en el estudio en la debilidad del que piensa.
Entonces la memoria deviene sabiduría: los bienes del Señor adquieren para ella un dulce sabor y todo pensamiento acerca de ellos se presenta a la inteligencia para convertirse en afecto».
(de Guillermo de Saint Thierry, «Carta de Oro» – «El hombre espiritual» ,cap. 3)
«El agua de la lluvia baja del cielo. Baja siempre del mismo modo y forma, pero produce efectos multiformes.
Uno es el efecto producido en la palmera, otro en la vid y así sucesivamente, aunque sea siempre de una única naturaleza y no pudiendo ser diversa de sí misma.
La lluvia en efecto, no baja diversa, no se cambia a si misma, sino que se adapta alas exigencias de los seres que la reciben y se convierte para cada uno de ellos en aquel don providencial del que necesitan.
Del mismo modo también el Espíritu Santo aun siendo único y de una sola forma e indivisible, distribuye a cada uno la gracia según quiere».
(de San Cirilo de Jerusalén, catequésis 16 sobre el Espíritu Santo, 1, 11-12)
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