
para el 23 de agosto
“La oración de Jesús interior y constante es la invocación continua e ininterrumpida del nombre de Jesús con los labios, el corazón y la inteligencia, en el sentimiento de su presencia, en todo lugar y en todo tiempo, aun durante el sueño. Esa oración se expresa por estas palabras: ¡Señor Jesucristo, tened piedad de mí!
Todo el que se acostumbra a esta invocación siente muy grande consolación y necesidad de decir siempre esta oración; al cabo de algún tiempo, no puede ya pasar sin ella y se le hace como su misma sangre y carne. ¿Comprendes ahora qué es la oración continua?…»
de «El peregrino ruso»
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Breve comentario
Si queremos iniciar un fuego duradero pero contamos con leños húmedos y verdes y casi no tenemos yesca, será necesario un esfuerzo de perseverancia y de fe. Habrá que intentar muchas veces, airear la leña, buscar la ayuda de algo combustible, proteger las pequeñas llamas del viento…
Pero una vez que el fuego ha comenzado y se ha vigorizado, ¡ Qué fácil resulta encender nuevos leños ! Solo basta acercarlos al centro del fuego para que se sumen a la hoguera.
Lo que suele pasarnos, es que no perseveramos y nunca llegamos a disponer de buen fuego…
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Ejercicio básico
Debemos acostumbrar la mente a la oración de Jesús. Para ello vamos a repetirla cada vez que podamos. Con los labios, con la mente, con el corazón, con lo que la gracia y nuestro propósito nos permitan.
Los treinta minutos de oración concentrada resultan más fáciles de efectuar cuando hemos pasado el día recordando la necesidad de la oración y repitiéndola cada vez que nos acordamos.
Al levantarnos, camino al trabajo, en un breve alto; en medio de la tensión laboral cotidiana, antes de comer, al terminar, al caminar, al viajar… La oración de Jesús encaminará nuestras vidas mucho mejor que nuestra divagación.
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