
para el 24 de agosto
«Si, no obstante tus esfuerzos, hermano mío, no te es posible entrar en la región del corazón, como te lo tengo recomendado, haz lo que te digo y con la ayuda de Dios hallarás lo que andas buscando.
Tú sabes bien que la razón de todo hombre está en su pecho… Quítale, pues, a esta razón todo pensamiento (esto puedes hacerlo si quieres) y pon en su lugar el “Señor Jesucristo, ten piedad de mí”.
Esfuérzate en reemplazar por esta invocación interior cualquier otro pensamiento, y a la larga ella te abrirá la entrada del corazón, como lo enseña la experiencia».
Monje Nicéforo citado en “El peregrino ruso”
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Breve comentario
Apenas se dispone la persona a repetir la oración de Jesús, se encuentra con las divagaciones.
Estas resultan ahora notorias debido a que estamos poniendo intención y atención concentrada en un lugar donde antes reinaba el caos de los vientos diversos.
Si uno se esfuerza un poco en repetir la oración (sea en quietud o en actividad) verá que transcurrido un minuto o dos se encuentra el pensamiento alejado de la oración, siguiendo impredecibles «diálogos interiores».
Sorpresa nos llevamos cuando vemos que el personaje central, casi excluyente, de dichas «pláticas mentales», es el «yo». Todo siempre está referido a mí. Si yo esto o aquello y lo de más allá.
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Ejercicio básico
Vamos a empeñarnos con más decisión aun en repetir la oración de Jesús durante todo el día. (Vocal, mental o de la manera que nos sea posible) tomando como referencia lo dicho en el texto de hoy por Monje Nicéforo.
Atendamos a la persistencia de la distracción, a esa casi inmanejable tendencia a la dispersión. Miremos esto que ocurre sin fastidiarnos, solo poniendo más fe en el Nombre de Jesús y en la acción de su gracia.
Persistamos en la oración y evaluemos lo acaecido al final del día.
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