
Ejercicio espiritual sobre “El peregrino ruso”
Para el 1° de septiembre
«… todos aquellos que se entregan con mayor ardor a la oración están más expuestos a terribles y fortísimas tentaciones.
Luego me dijo: —¡Animo y no decaigas nunca de valor! No olvides las palabras del Apóstol: Mayor es quien está en vosotros que quien está en el mundo.
Ahora has visto por experiencia que no hay tentación que esté sobre las fuerzas del hombre. Porque Dios dispondrá con la tentación el éxito para que podáis resistirla.
Por la esperanza en el auxilio del Señor fueron sostenidos los santos, que no pasaron la vida solamente rezando, sino que buscaron, por amor, enseñar y dar luz a los demás. Mira lo que dice a este propósito San Gregorio de Tesalónica:
«No basta orar incesantemente según el mandamiento divino, sino que debemos exponer esta enseñanza a todos: monjes, laicos, inteligentes o simples, hombres, mujeres o niños, a fin de despertar en ellos el celo por la oración interior».
El bienaventurado Calixto Telicoudas se expresa de la misma manera: «La actividad espiritual (es decir, la oración interior) —escribe—, el conocimiento contemplativo y los medios de elevar el alma no se han de guardar para uno mismo, sino que se deben comunicar por la escritura o por el discurso a fin de procurar el bien y el amor de todos.
Y la Palabra de Dios declara que el hermano a quien su hermano ayuda es como una ciudad alta y fortificada.
En todas estas cosas hay que huir de la vanidad con toda la fuerza del alma, y vigilar para que la buena semilla de las divinas enseñanzas no sea arrastrada por el viento.»
del 2° relato en “El peregrino ruso”
_________________________________________
Ejercicio básico y comentario
La práctica de la oración de Jesús, admite diferencias, porque todos somos diferentes.
Hay diferencias en la frase que elegimos, en nuestros momentos «fuertes» de práctica, en si nos ayuda más la quietud, el movimiento, la respiración o la atención al corazón… algunos quieren probarla, otros adoptarla para siempre.
Pero todos buscamos la unión con Dios. Seamos conscientes o no de ello, todos Le amamos.
El es El Amado de nuestra vida. Es a Él a quién perseguimos en cada acto que ejecutamos, desde los más triviales a los más significativos. Nunca hemos querido otra cosa.
Recordemos cuan presurosos seguíamos a nuestra madre cuando se alejaba apenas un poco de nosotros. Cómo esperábamos ansiosos aquél regalo prometido; la alegría luego de aquél primer beso, la anticipación de un viaje, la reunión de amigos.
El gozo del nacimiento, el abrazo de reconciliación, la satisfacción ante una obra terminada… ese brillo en aquella mirada. Que particulares aquellas sensaciones, cuando tronaba y ya se olía la lluvia próxima, cuando esperábamos la comida en la mesa, cuando papá volvía del trabajo, ¡que alegría!
¿A quién sino a Él hemos buscado en todo ello? Sin Su invisible presencia no está el buscador ni lo buscado y tampoco lo encontrado. Sin Él no hay nada, porque como han dicho algunos santos: «Solo Él Es».
Pero todo momento luego expiró y todo encuentro se transformó en nueva búsqueda, cada cosa maravillosa llevaba en sí la impronta de lo fugaz. Aquellas luces se opacaban, un velo de nostalgia nos envolvía hasta desaparecer también bajo un rutinario olvido. Las presencias trocaban siempre en ausencias.
¡¿Señor donde estás?!
Aunque cueste creerlo, la luminosidad de todo aquello no estaba en las cosas sino que fluía desde dentro a través de la mirada. Era Él que se hacía presente y transmutaba el mundo. ¿No había acaso amor en cada uno de esos recuerdos?
Mientras continuamos estos días repitiendo con intensidad la oración de Jesús, cada cual de la manera más conveniente para sí, sigamos el rastro a ese amor que vive en nuestro corazón, percibamos cuanto amamos lo que vemos, cada instante que vivimos.
Porque cuando allí nos situamos, cuando esa calidez enorme encontramos es que nos hemos acercado. No nos engañemos, cuando amamos es su manto el que tocamos.
_________________________________________


Invoca a Jesucristo y deja tu comentario, puede servir a otros.