
Ejercicio espiritual sobre “El peregrino ruso”
Para el 2 de septiembre
«Por esa época, leía también mi Biblia y veía que empezaba a entenderla mejor; encontraba en ella menos pasajes oscuros. Razón tienen los Padres al decir que la Filocalía es la llave que descubre los misterios encerrados en las Escrituras.
Bajo su dirección, comencé a comprender el sentido oculto en la Palabra de Dios; descubrí lo que significan el hombre interior oculto en el corazón, la verdadera oración, la adoración en espíritu, el Reino de Dios dentro de nosotros y la intercesión del Espíritu Santo; entendí el sentido de estas palabras:
Vosotros estáis en mi, dame tu corazón, revestíos del Señor Jesucristo, los desposorios del Espíritu en nuestros corazones, la invocación: ¡Abba, Padre!, y otras muchas cosas.
Cuando oraba en lo más profundo de mi corazón, todas las cosas que me rodeaban aparecíanme bajo un aspecto encantador: árboles, hierbas, aves, tierra, aire, luz, todas parecían decirme que existen para el hombre y que dan testimonio del amor de Dios por el hombre; todas oraban, todas cantaban la gloria de Dios.
Así llegué a comprender aquello que la Filocalía llama «el conocimiento del lenguaje de la creación», y veía cómo es posible conversar con las criaturas de Dios.»
del 2° relato en “El peregrino ruso”
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Ejercicio básico y comentario
Estimad@s en Cristo Jesús.
El peregrino se alimentaba constantemente de la Sagrada Escritura.
Su vida giraba en torno a la oración de Jesús, y a la vez, se apoyaba en tres pilares que le hacían de fundamento: La liturgia (asistía con suma frecuencia) la dirección espiritual (que buscaba con humildad y persistencia) y la lectura de la Biblia (que interpretaba a la luz de la Filocalia)
La oración de Jesús, necesita para enraizar en nosotros de una vida lo más tranquila posible (y en paz con todos según dice monje Nicéforo) y una cierta coherencia evangélica que la contenga y le permita crecer.
Un ejercicio que puede hacerse cotidiano, aun en la complicada vida moderna, es el tomarse unos pocos minutos para hacer lectio de la sagrada escritura.
Consiste en leer muy lentamente unos versículos de la escritura, tratando de escuchar en el corazón lo que El Señor nos habla a través de ella.
Os proponemos incorporar este ejercicio. Quizás al levantarse (madrugar un poco más) o antes de acostarse (suprimir un poco de televisión y reemplazarlo por esto) ayudarán a nuestra intención de oración continua.
Algunos se desalientan si leen mucho texto bíblico que se les dificulta entender o interpretar. Elegir un libro de la Biblia (algunos padres sugieren alternar uno del viejo con uno del nuevo testamento) e ir avanzando muy de a poco, paladeando los versículos como si de muy buen vino se tratara.
Dejar que el texto nos impregne el alma, mientras vamos repitiendo poco a poco la oración de Jesús, tomándole el ritmo. Habrá quienes tienen ya su propia forma de hacer lectio, está muy bien, aquí solo sugerimos un modo que puede ser de utilidad.
Entonces, a nuestra práctica de la oración de Jesús que venimos llevando adelante sin desalentarnos (estamos haciendo el hábito) le agregamos cada día un breve ejercicio de lectio divina.
Un saludo fraterno para tod@s invocando a Jesucristo.
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