
Ejercicio espiritual sobre “El peregrino ruso”
Para el 5 de septiembre
Caminé durante mucho tiempo, y recorrí muchas regiones antes de llegar a Irkutsk.
La oración espontánea de mi corazón me sirvió de consuelo durante todo el camino, y nunca dejó de alegrarme, si bien de diversas maneras; en ninguna parte, ni en momento alguno me fue impedimento para ninguna cosa, y nada la pudo tampoco disminuir.
Si trabajo, la oración opera sola en mi corazón y realizo mi tarea con mayor ligereza; si escucho o leo alguna cosa con atención, la oración no sufre interrupción, y voy sintiendo a la vez una y otra, como si estuviera desdoblado o como si en mi cuerpo trabajaran dos almas. ¡Oh, Dios mío, y qué misterioso es el hombre!…
…
Así me vi de nuevo caminando por el camino solitario, y me sentía tan ligero como si de mis hombros hubiera caído una pesada montaña. La oración me consolaba cada vez más.
A veces mi corazón hervía en un infinito amor a Jesucristo; y este hervor maravilloso corría en oleadas bienhechoras por todo mi ser.
La imagen de Jesucristo estaba tan fuertemente grabada en mi espíritu que, al pensar en los hechos del Evangelio, me parecía como si los contemplase con mis propios ojos. Esto me emocionaba y lloraba de alegría, y en algún momento sentía en mi corazón una felicidad tal que no acierto a describirla.
del 2° relato en «El peregrino ruso»
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Breve comentario y ejercicio
Estimad@s en Cristo Jesús.
Sería bueno si pueden leer hoy el tercer relato de «el Peregrino ruso» que es breve.
Muchas gracias por los comentarios contando sus dificultades con la práctica de la oración de Jesús, trataremos de agregar respuestas, posts y/o artículos referidos a los temas que se han planteado.
Igualmente si uds. tienen algún material de interés que quieran aportar envíenlo al correo del blog que lo pondremos como enlace para que esté disponible para tod@s.
Os proponemos también un simple ejercicio:
Tratemos de tomarnos dos o tres minutos solamente, por ejemplo a mediodía, al atardecer y al ir hacia el descanso nocturno y busquemos motivos para agradecer… para dar gracias a Dios.
No lo hagamos un acto formal, porque se supone que debemos dar gracias a Dios por todo lo que tenemos, sino que verdaderamente, busquemos en eso que vivimos en las horas que antecedieron, algo por lo cual sintamos agradecimiento.
Y si no lo encontramos o si no aparece el sentimiento genuino, tomamos nota de ello y en todo caso lo comentamos también. Todo sirve para el crecimiento de la oración del corazón.
Un saludo fraterno, invocando a Jesucristo.
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