
Ejercicio espiritual sobre “El peregrino ruso”
Para el 12 de septiembre
«Mas los efectos directos de la gracia de Dios, durante la oración del corazón, son tan deliciosos que no hay lengua humana capaz de describirlos; a ninguna cosa material son comparables; el mundo sensible es cosa muy baja comparado con las sensaciones que la gracia despierta en el corazón.
El ciego escuchó con gran atención estas palabras y todavía se hizo más humilde; la oración se iba desarrollando sin cesar en su corazón y le producía un gozo inefable…
Un mes entero caminé poco a poco, e iba sintiendo cuán útiles nos son y cuánto bien nos hacen los ejemplos vivos.
Leía a menudo la Filocalía, y por lo que en ella leía, me iba confirmando en lo que le había dicho al ciego. Sus ejemplos inflamaban mi celo y mi amor al Señor.
La oración del corazón me hacía tan dichoso que no pensaba que fuera posible serlo más en la tierra, y me preguntaba cómo podrían ser mayores que éstas las delicias del Reino celestial.
Esta felicidad no iluminaba solamente el interior de mi alma; también el mundo exterior se me representaba bajo un aspecto encantador, y todo me invitaba a amar y alabar a Dios: los hombres, los árboles, las plantas, los animales, todo me resultaba familiar, y en todas partes encontraba la imagen del nombre de Jesucristo.
A veces me sentía tan ligero, que tenía la impresión de no tener ya cuerpo y de flotar suavemente en el aire; a veces entraba totalmente dentro de mí mismo.
Allí veía claramente mi interior y admiraba el maravilloso edificio del cuerpo humano; otras veces sentía un gozo tan grande como si hubiera llegado a ser rey…«
del 4° relato en «El peregrino ruso»
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Breve comentario y ejercicio
Estimad@s en Cristo Jesús.
Continuemos leyendo el cuarto relato del peregrino hasta terminarlo si fuera posible.
Sigamos con nuestra práctica perseverante de la oración de Jesús, no buscando modificaciones externas a la práctica sino interiorizarla, hacerla más consciente, más sentida, más verdadera.
Vivamos el desierto de no cambiar de forma, la llanura vacía de la sola persistencia. Es aquí donde tiene oportunidad de templarse la fe.
Fe en el valor del Nombre, fe en la gracia que acude en ayuda de quién se abre a ella, fe en que Dios se hace presente para todo aquél que lo invoca con sincero corazón.
Repitamos la oración de Jesús, lo mejor que podamos y al iniciar el día, busquemos una actitud de no juicio hacia los demás.
Tratemos de encontrar esa mirada en la que se revela lo sagrado y por lo tanto nuestro prójimo, como un peregrino hacia la casa de Dios, al igual que uno mismo y que todos.
Los demás son parte de la creación y del plan divino, busquemos la disposición que no juzga, que acepta que mi hermano puede estar en un momento diferente del camino, pero recordemos que todos vamos hacia el mismo seno del Padre.
Es importante ir tornando apacible al corazón, haciéndolo manso en cuanto de nosotros depende, para que pueda echar raíces más fácilmente en él la oración del Santo Nombre de Jesús.
Un saludo fraterno para tod@s invocando a Cristo.
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