
Ejercicio espiritual sobre “El peregrino ruso”
Para el 15 de septiembre
«… La Oración salía con dificultad, y una especie de indolencia se apoderó de mí. En esto, viendo un bosque de espesa maleza al lado del camino, me introduje en él para descansar un poco, buscando un sitio retirado donde sentarme bajo un arbusto y leer mi Filocalía, para estimular así a mí débil espíritu y confortar a mi ánimo medroso.
Hallé un lugar tranquilo, y empecé a leer a Juan Casiano, en la cuarta parte de la Filocalía —sobre los Ocho Pensamientos—. Cuando llevaba leyendo felizmente una media hora, reparé inesperadamente en la figura de un hombre a unos cien metros de allí y más hacia el interior del bosque…
…Me entró tal terror que los cabellos se me erizaron. Todo se hacía cada vez más horrible, tanto es así que estuve a punto de desplomarme de miedo y horror. Entonces, caí de rodillas, me santigüé, y con todo mi corazón, dije:
«Señor Jesucristo, ten piedad de mí.»
Tan pronto como hube dicho esto, me sentí absolutamente tranquilo y como si no hubiese pasado ninguna angustia. Todo mi miedo desapareció, y me sentí tan feliz en mi corazón como si hubiese sido transportado al cielo.
Esto me hizo tan dichoso que, bueno, ya no paré de repetir la Oración. Aun hoy no sé si la tormenta duró mucho, ni cómo se fue la noche. Cuando levanté la vista, el día ya llegaba, y yo aún estaba allí arrodillado en el mismo lugar. Me incorporétranquilamente, vi que ya no iba a encontrar al carnero, y me fui a casa.
Pero ahora todo estaba bien en mi corazón, y repetía la Oración a más no poder…
—¿Y te sirves todavía a menudo de la Oración?
—No podría existir sin ella —respondió—.
Sólo con que recuerde cómo me sentí aquella primera vez en el bosque, es como si alguien me hiciese arrodillar, y me pongo a rezar.
No sé si mi oración pecadora complace a Dios o no, ya que, cuando rezo, a veces siento una gran felicidad (el porqué no lo sé), una ligereza de espíritu, una especie de gozosa quietud; pero, en otros casos, siento una melancólica tristeza y un abatimiento del ánimo.
A pesar de todo, quiero seguir rezando siempre, hasta la muerte.
—No te aflijas, querido hermano. Todo complace a Dios y sirve a nuestra salvación, todo, pase lo que pase durante la oración. Así lo dicen los Santos Padres. Tanto si hay alegría del corazón como tristeza, todo está bien. Ninguna oración, buena o mala, se malogra ante los ojos de Dios.
La alegría y el fervor muestran que Dios nos recompensa y nos consuela por el esfuerzo, mientras que la tristeza y la sequedad indican que Dios nos purifica y nos fortalece el alma, y que por esta prueba salutífera la salva, preparándola en la humildad para el goce de la dicha bendita en el futuro…
del 5° relato de El peregrino ruso – 2° parte.
extrac. de pags 105/6/7 de la versión digital.
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Breve comentario y pregunta
Estimad@s en Cristo Jesús.
Una de las mayores dificultades para poder situarnos en el momento presente y permanecer en la presencia divina en lo cotidiano, deriva de nuestra ansiedad por los resultados de lo que hacemos.
Ayuda mucho recordar que en nuestras manos esta solo la acción impecable, los resultados en manos de Dios. Uno debe poner su atención en hacer lo mejor posible lo que sea que haga, el resto abandonarlo, soltar, no se pueden manejar los efectos.
Practiquemos esta actitud, es importante. De esa manera nuestra fuerza se concentra en la oración de Jesús y en la acción prolija, ordenada, atenta.
De a poco, la vida empieza a tornar ceremonia, un aire de eucaristía comienza a servirnos de fondo, esto es el agradecimiento en el ánimo.
Un saludo fraterno, invocando a Jesucristo.
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