
Ejercicio espiritual sobre “El peregrino ruso”
Para el 16 de septiembre
«… Esto empieza a descorrer el velo que se alzaba ante el secreto de la salvación y de la oración.
Ve que realmente rezar significa dirigir su pensamiento y su memoria sin descanso al recuerdo de Dios, andar en Su divina Presencia, despertar a Su amor por el pensamiento en Él, y unir el Nombre de Dios a la respiración y al latir del corazón.
Él es guiado en todo esto por la invocación con los labios del santísimo Nombre de Jesucristo, o por la recitación de la Oración de Jesús, en todo momento, en todo lugar y durante cualquier ocupación, sin descanso.
Estas luminosas verdades, al iluminar el espíritu del buscador y abrir ante él el camino hacia el estudio y la realización de la oración, le ayudan a pasar en seguida a poner en práctica estas sabías enseñanzas.
Sin embargo, cuando lo intenta, se ve aún sujeto a dificultades hasta que un maestro experimentado le muestra, en el mismo libro, toda la verdad, es decir, que sólo la oración incesante es el medio eficaz para perfeccionar la oración interior y para salvar el alma.
Es la frecuencia de la oración lo que constituye el fundamento de todo el método de la actividad salvadora y lo que mantiene su unidad.
Como dice Simeón el Nuevo Teólogo, “el que ora sin cesar, une todo lo bueno en esto solo”.
del 6° relato en la 2° parte de «El peregrino ruso»
Breve comentario y ejercicio
Estimad@s en Cristo Jesús.
En esta continuidad que pretendemos darle a nuestra oración de Jesús, para habituarnos y que se vuelva incesante, tratamos de aprender a vivir en el instante presente, a centrar nuestra atención en el ahora.
Esto nos permite permanecer en la oración y acercarnos a la percepción de la divina presencia en nuestro cotidiano.
Para ello vamos a poner hoy nuestro esfuerzo en hacer un poco mas lentos nuestros movimientos.
En la medida de nuestras posibilidades y en los momentos más favorables a ello, trataremos de disminuir sensiblemente la velocidad de nuestros pasos, de nuestras maneras en general.
Puede servir que contemos a nuestra entorno más cercano acerca del ejercicio que estamos haciendo, ya que su comprensión nos puede facilitar el realizarlo durante más tiempo y, quizás, motivarlos a sumarse a la práctica.
Esta mayor lentitud, facilita la oración y nos descubre un mundo por lo general inexplorado, que no atendemos, ni en nosotros ni fuera de nosotros.
Una vez que pase el momento de extrañeza inicial y que venzamos el obstáculo que suele poner la mente, hablándonos de lo ridículos que somos por hacer esto, puede que sobrevenga una tenue sensación de acompañamiento constante, de cálida compañía que solemos emparentar con lo sagrado.
En el último caso, en que nos fuera imposible efectuar el ejercicio de oración de Jesús y lentitud durante el día, tratemos de hacerlo unos minutos acomodando nuestra habitación, por ejemplo, antes de terminar el día.
Un saludo fraterno para tod@s invocando a Jesucristo.
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