
Ejercicio espiritual sobre “El peregrino ruso”
Para el 17 de septiembre
«En todas partes, dondequiera que os encontréis, podéis levantar un altar a Dios en vuestro espíritu por medio de la oración, y por lo tanto es oportuno rezar en vuestro trabajo, de viaje, de pie al mostrador o sentados, en vuestras ocupaciones manuales.
En todas partes y en todo lugar es posible rezar y, en efecto, si uno vuelve su atención diligentemente sobre sí mismo, entonces en todas partes encontrará circunstancias apropiadas para la oración, con sólo que esté convencido de que la oración debería constituir su principal ocupación y tener precedencia sobre cualquier otro deber…
… Aquellos que han practicado la oración incesante nos aseguran que lo que sucede es esto: el que ha decidido invocar sin cesar el Nombre de Jesucristo o,
lo que es lo mismo, rezar la Oración de Jesús continuamente, encuentra al principio, naturalmente, dificultades, y tiene que luchar contra la pereza.
Pero cuanto más tiempo y más duramente se esfuerza en ello, tanto más se familiariza imperceptiblemente con esta tarea, de tal modo que, al final, los labios y la lengua adquieren tal capacidad de moverse por sí mismos, que incluso sin ningún esfuerzo por su parte ellos mismos actúan irresistiblemente y rezan la oración silenciosamente.
Al mismo tiempo, el mecanismo de los músculos de la garganta se reeduca de tal modo que al rezar empieza a notar que el decir la oración es una de las propiedades esencialesy perpetuas de sí mismo, e incluso siente, cada vez que se detiene, como si algo le faltase.
Y de esto resulta que su mente empieza, a su vez, a doblegarse, a escuchar a esta acción involuntaria de los labios, y resulta avivada por ello a la atención, lo que finalmente se convierte en fuente de delicias para el corazón y auténtica oración».
del 6° relato en el «Peregrino ruso«
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Breve comentario y ejercicio
Estimad@s en Cristo Jesús:
Este vivir en la presencia divina que pretendemos, para lo cual buscamos afianzar en nosotros la oración, hasta que se vuelva incesante con la ayuda de la gracia, requiere en cierto modo un «despertar» nuestros sentidos espirituales.
¿Cómo haremos eso? ¿Cómo podemos quitarnos esa especie de «embotamiento» al que nos lleva la vida rutinaria y opresiva a la que nos somete en ocasiones la sociedad actual, que presiona por todos los frentes?
Recordando la muerte.
Os proponemos que estos días que quedan hasta el final del ejercicio espiritual, los vivamos como si fuéramos a morir en poco tiempo.
Nadie muere por hacer este trabajo espiritual, al contrario, si puede suceder que empecemos a vivir de otro modo.
Esta memoria de nuestra finitud, de que no sabemos ni de nosotros depende el día ni la hora, nos lleva al recuerdo de Dios. La mayor parte de nuestras preocupaciones y agitaciones derivan del olvido de esta realidad: Vamos a morir.
Somos peregrinos, viajeros en todo el sentido de la palabra. Eso no quiere decir que descuidemos nuestras actividades aquí, sino por el contrario, que las vivamos con el corazón puesto en la eternidad.
Uno sabrá si hace el ejercicio en serio o si lo toma a la ligera. Bien hecho, consiste en actuar como si uno fuera a partir pronto a la casa del Padre.
¿Que cosas haría si esto fuera a suceder realmente? ¿Cómo me prepararía para el tránsito a la otra vida? ¿Que acciones concretas ejecutaría?
Son muchos los espirituales en la historia del cristianismo que usaban esta «conciencia de la muerte» como acicate para vivir con intensidad en la presencia de Dios mediante la oración continua.
Un saludo fraterno para tod@s invocando a Jesucristo, nuestro camino al Padre.
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