«La sobriedad es un método espiritual que, si es duradero y se lleva a cabo voluntariosamente, con la ayuda de Dios, libera a todo hombre de pensamientos pasionales y de palabras y obras malvadas, y en la medida que sea posible, dona el conocimiento seguro de un Dios incomprensible, así como la interpretación de los misterios divinos y secretos.
La misma cumple con todo mandamiento de Dios del Antiguo y del Nuevo Testamento, produciendo todo bien del siglo futuro. Es propiamente la pureza del corazón, que por su grandeza y por su belleza —o para decirlo mejor, por nuestra negligencia— es rara hoy en día en los monjes.
Cristo la proclama bendita diciendo: Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios (Mt 5, 8). Siendo tal, se compra a un precio elevado.
La sobriedad duradera en el hombre es la guía que lleva por un recto camino y es grata a Dios; es un acceso a la contemplación y nos enseña a mover rectamente las tres partes del alma y a vigilar con seguridad los sentidos, incrementando día a día, en su compañía, las cuatro virtudes naturales».
de Pbro. Hesiquio
Pag. 231 – Vol I. – Lumen Bs. As. – 1998
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Breve comentario
Estimad@s herman@s en Cristo Jesús.
En distintos textos incluidos en Filocalía, encontraremos términos que convergen en torno a la virtud de la sobriedad. Si bien con matices diferentes estos distintos autores afirman como necesaria el logro de esta para acceder a la pureza del corazón.
Algunos la llaman atención, otros vigilancia y así términos extraños a nosotros como custodia del corazón, indicarían la misma dirección del trabajo espiritual. A estos monjes, se los llamaba «nípticos» por la palabra nepsis, que significa sobriedad o atención vigilante.
A cada paso en La Filocalia se nos habla de la atención, de esta actitud vigilante. Vamos a empezar por centrarnos en la atención. ¿Que significa atender?
Normalmente nos referimos a dirigir los sentidos hacia algún estímulo. Así, atendemos lo que el otro nos dice, o aquel ruido que se escuchó tratando de saber su origen o nos concentramos mirando algún evento, para «no perdernos detalle».
Pareciera que atender, implica algún tipo de apertura, abrirnos, ponernos en algo y tendidos hacia algo. Lo primero que observamos es que atendemos en general, porque algo sucede, que «nos llama la atención».
Pero también existe en nosotros la capacidad de dirigir la atención hacia algo intencionalmente. Es decir de manejar nuestra atención y no solo que esta sea «llevada» de aquí para allá por lo que va ocurriendo.
Práctica
Empecemos con paciencia. Observemos en lo cotidiano, como sucede esto que decimos. Como nuestra atención es tironeada por constantes estímulos. Comprobemos esto. Aunque ya lo sabemos, verificarlo momento tras momento da frutos útiles.
Más aun, si practicamos la oración de Jesús, veremos como la abandonamos muchas veces debido a estos «vientos» que se van sucediendo a nuestro alrededor o en nuestro propio cuerpo.
El ejercicio entonces para iniciar estos trabajos alrededor de Filocalía, sería:
-Observar el trabajo de nuestra atención-
– Tomar alguna nota de lo observado en el cuaderno de ejercicios, solo lo significativo que nos haya parecido importante –
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