
¿Porque se produce este siempre querer estar en un lugar o situación diferente de aquella en la que nos encontramos?
Principalmente debido a que creemos que es lo exterior lo que nos brinda la felicidad que difusamente buscamos en todo lo que hacemos. Este es nuestro error básico.
A lo largo de los años me encontré con una certeza: No hay nada afuera que pueda llenar el vacío interno. El ser humano se completa a partir de la interioridad o no se completa.
Este vacío se me hacía evidente cuando me quedaba en quietud.
Cuando me negaba a seguir «corriendo» en pos de algo y me quedaba un poco quieto, surgía rápidamente este desasosiego que me impulsaba a tapar y a llenar de cualquier modo, una sensación de ausencia y de carencia que se tornaba intolerable.
Esto esta en la raíz de nuestra constante agitación en pos de logros exteriores. Hay muchas cosas que realmente no se necesitan o actividades que tampoco son necesarias, que encuentran su explicación en esta función que cumplen, de acallar este dolor interno que produce la carencia.
La mente es la que constantemente busca cambiar de situación y la que nos impulsa para seguir siempre adelante, buscando el momento siguiente, impidiéndonos permanecer en el presente.
La mente por cierto es un mecanismo que al detectar tensiones corporales, va tratando de poner las imágenes necesarias, en forma de proyectos o de diálogos, que aflojen esas tensiones del cuerpo. Pero claro, en tanto nos identificamos con esta actividad de la mente, padecemos mucho.
Si nos dejamos llevar por lo que dice la mente, creemos que es esto o aquello lo que nos intranquiliza y ese es el principal engaño. Porque a poco de que logramos esto o aquello, la agitación vuelve.
Se trate de un objeto material, de una relación afectiva, de un cargo, de un reconocimiento social… el ansia vuelve y una vez más se apodera de nosotros, tironeándonos hacia el futuro, acosándonos con su aguijón para que desesperemos de alcanzar este nuevo espejismo, que se supone, ahora si nos dará la felicidad buscada.
Dios vive en el interior del hombre. Dios, está con nosotros. Y esa presencia divina es la que colma todas nuestras ansias actuales y posibles. Pero para que esto no sea solo un algo dicho o una creencia más, es necesario aceptar que el problema esta en nosotros y no en lo exterior.
Por difícil que parezca o resulte, mientras no me convenza de que «la perla» esta en mi casa y no en otro lugar, será imposible encontrarla.
Pero hermano, usted habla desde una experiencia personal, ¿cómo hace quién no la tiene para encontrarse con ella?
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