Si nuestra hora de oración no consistiera más que en esto, en divagar incesantemente e incesantemente volver a Dios, tampoco es tan grave.
Si cada vez que hemos advertido nuestra distracción hemos tratado de regresar junto al Señor, esta oración, por pobre que sea, habrá resultado sin duda muy grata a Dios…
Dios es Padre, sabe de qué estamos hechos y no nos pide éxitos sino buena voluntad.
Tiempo para Dios – Jacques Philippe / Ediciones Rialp . Madrid
Enviado por Hna. Ofelia


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