“No te vayas juzgando como buen o mal alumno respecto de la adquisición de la oración de Jesús. Es un don y un bien que no puede medirse.
Muchas veces la puedes usar como calmante interior ante las variadas afrentas del mundo. Otras, como una fuente que te da la fuerza necesaria para hacer con entusiasmo lo que emprendes.
Que la oración de Jesús sea como una bandera que se iza en tu alma al amanecer. Ella señala tu filiación, tu identidad profunda. Luego haces las cosas que el día reclama, pero la bandera queda allí, movida por la brisa de tu intención, señalando la pertenencia del corazón”.
“La oración de Jesús” – Ed. Claretiana – Bs.As. 2011/ Pag. 98


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