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«En realidad, el Espíritu Santo llena la vida del cristiano desde su mismo bautismo. Él es quien inscribe en su corazón ese amor, ese deseo de Dios y ese sentido de las divinas realidades que constituyen la ley nueva anunciada por los profetas. El Espíritu es el verdadero y principal autor de la santificación del hombre».
«Consejo a los ascetas» de Teófano el Recluso – Ed: Lumen
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