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Estimad@s herman@s en Cristo Jesús:
En un monasterio de cierta observancia, los monjes tienen la jornada orientada por su regla de vida. Esta les indica lo que han de hacer y lo que deben evitar. Cuestiones cotidianas y organizativas son también lo que va marcando el día, según las indicaciones de aquellos encargados de distribuir las tareas.
Esta regulación de vida, llevada adelante con espíritu y en verdad, es una gran ayuda para el que busca liberarse de la variabilidad de sus impulsos. Así, el ordenamiento externo, que implica cierta disciplina, va tornando dócil al monje interior, que empieza a modelarse, poco a poco, según el Espíritu de la Sagrada Escritura.
Es La Biblia ahora su principal alimento, los salmos su palabra más frecuente, el silencio su oportunidad de comunión profunda con Dios.
Entre los innumerables peligros que acechan al monje, dos resultan claros por su persistencia en la historia de la espiritualidad: Uno, cumplir la regla solo por fuera, lo que lo acerca al fariseísmo. Dos, vivir según su propio criterio en cada oportunidad que se le presenta, atajo hacia la auto complacencia que torna estéril su permanencia en la comunidad.
Si esto sucede en monasterios bien formados y en el mundo no virtual, imaginen ustedes las dificultades que afrontamos para vivir cierta forma de monacato virtual. Sin embargo, esta posibilidad que nos brinda la tecnología, puede aprovecharse.
Es posible que la participación en una comunidad de este tipo nos conduzca a una experiencia más profunda y participativa que la de simples lectores o comentaristas de un sitio web. Para ello sería bueno que cada uno considere su casa o habitación como celda monástica. Que como en un noviciado, se dispusieran a ejercitar los primeros pasos de esta forma de vida, a fin de discernir si la vía del Nombre responde al llamado que sienten en el corazón.
El texto que recomendamos para leer atentamente, es un artículo de Olivier Clément, disponible Aquí. Sugerimos imprimirlo y leerlo íntegro. Les dejamos aquí un párrafo importante saludando a todos mientras invocamos el Nombre de Jesús.
«Es necesario que la conciencia, armada con el nombre de Jesús, adquiera el hábito de escrutar atentamente lo que el Evangelio llama con una palabra difícil de traducir los logismoi, es decir los pensamientos. No los pensamientos en el sentido cerebral, sino los pensamientos como pulsiones germinativas de lo que tal vez va a llegar a ser una obsesión, de lo que tal vez va a llegar a ser una idolatría. Allí hay que distinguir lo que en este impulso es simplemente la energía vital y lo que constituye la desviación idolátrica de esta energía. Con el nombre de Jesús aplastamos la idolatría, con el nombre de Jesús revestimos del poder del Espíritu este pensamiento germinativo, para que él sea transfigurado».
Texto propio del blog
Extraído de elsantonombre.wordpress.com publicado originalmente el 02/01/12
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