«Lo que hemos de decir con sobriedad y verdad es lo siguiente: la invocación del Nombre simplifica y unifica nuestra vida espiritual. No hay oración más simple que esta “plegaria de una sola palabra”, en que el santo Nombre se convierte en la única fuente de toda nuestra vida.
Los métodos complicados a menudo cansan y disipan el pensamiento; en cambio, el Nombre de Jesús lo reúne fácilmente todo en sí mismo. Tiene el poder de integración y de unificación.
Una personalidad dividida, que podría decir: “Mi nombre es Legión, porque somos muchos” (Mc 5,9), recobrará su integridad a través del santo Nombre: “Que mi corazón, todo entero, venere tu Nombre” (Sal 85,11)».
«La invocación del Nombre de Jesús», Un monje de la Iglesia de Oriente
Ed: de la Abadía de Montserrat, Barcelona, 1990


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