¿Cuál es el objetivo de la economía de la encarnación del Dios Verbo, proclamado en toda la Escritura, leído pero no reconocido por nosotros? ¿No será, tal vez, el de hacernos partícipes de lo que es de Él, después de haberse hecho partícipe de lo que es nuestro?
Ya que por esto el Hijo de Dios se hizo Hijo del hombre, para hacer de los hombres hijos de Dios, ensalzando por la gracia nuestra estirpe a lo que Él es por naturaleza, al engendrarnos desde lo alto en el Espíritu Santo y al introducirnos en el reino de los cielos; o más bien, al otorgarnos el don de tener el reino de los cielos dentro de nosotros (Lc 17,21). De modo que no estemos en la esperanza de entrar en él, sino que en posesión ya de él gritemos: Nuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3,3).
Simeón el Nuevo Teólogo


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