“¿Qué nos impide entregarnos al Señor completamente?
Es la mente especulativa, la creencia de que somos capaces de controlar los hechos de la vida, más allá de la Providencia.
Esto no es más que engreimiento y soberbia. Sin Él no somos y nada podemos.
Si alguna acción se hace necesaria, la realizamos cuanto mejor podemos, confiados en que resultará lo que Dios decida. Ese resultado podrá en ocasiones no coincidir con lo que nos parece correcto, adecuado o justo.
Aceptar sin cuestionar lo que ocurre es abandono verdadero. ¿Cómo podríamos nosotros saber lo que conviene? Esto no quiere decir que no actuemos para mejorar y ayudar en lo que nos sea posible.
Unir nuestra conducta a lo que enseña el Evangelio y dejar en Sus manos toda la carga, rendirse a Su voluntad completamente, es verdadero descanso y base del silencio contemplativo”.
- ¿Acaso la entrega por sí misma es suficiente para llegar a Dios?
Es suficiente si uno se entrega. La entrega es ofrecerse a la causa del evangelio. Entregarse a Dios quiere decir, buscar Su voluntad y fundirse con ella.
La entrega total a Dios es dejar todos los pensamientos y concentrar la mente sólo en Él. Esto es repetir Su Nombre sin cesar.
Si nos podemos concentrar en el Nombre de Jesús, los demás pensamientos desaparecen.
Si los actos de la mente, del habla y del cuerpo se funden en Dios la carga de nuestra vida queda sobre Él “.
Texto propio del blog


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