Que no seas tú, sino Cristo en ti.
¿Qué crees que es lo más importante en la elección del nuevo Papa?
¿Cuál es tu opinión personal, o en todo caso, eso que le dirías al oído si pudieras?
Que lo más importante es que él mismo, cada día, al levantarse y mirarse casi sin querer al espejo, pudiera decir, «no soy yo, sino Cristo que vive en mí». Sin la experiencia viva de Cristo en el corazón… será muy difícil encaminar a la Iglesia. Es decir, que si no la guía la presencia de Dios a través de la persona elegida, hay poco por hacer.
Ese Cristo vivo por supuesto tiene que manifestarse en la Eucaristía, la misa debe ser algo que convoque a las personas, porque allí se encuentran con el Dios que vive en cada uno; no puede ser algo conceptual, una recitación automática de lo establecido; no puede ser una rutina vacía de significado para los que asisten. Creo que eso sería lo primero, las ceremonias religiosas, nuestras liturgias, deben ser el marco adecuado, el ámbito propicio para que se manifieste allí una mirada trascendente.
Esta es la carencia actual más grande que veo. Las ceremonias en su mayoría (por supuesto hay honrosas excepciones) son repeticiones vacuas de algo que se ha ausentado. El oficiante debe ser un fuego encendido por el Pentecostés personal y no un funcionario eclesial que administra un culto. Para eso hay que iniciar a los sacerdotes en el misterio y no solo darles conocimiento. La imposición de manos, por ejemplo, era una transmisión de la llama, no un mero acto ritual.
No puede haber prisas, debe haber más silencio, posibilidad de vivir la presencia allí mismo. ¿Qué crees que provocó la expansión del cristianismo en sus inicios? Antes de la asimilación al imperio de Constantino digo. Fue el fuego del Espíritu Santo, que al calor del Santo Nombre de Jesús, mostraba la irrupción de lo sagrado en el plano terrenal de cada día.
Eso nos falta hoy y eso debe tener el nuevo Pontífice; por que si eso está presente, cualquier medida que tome será útil y vivificante. Nos falta experiencia de Cristo real en cada uno y por lo tanto en la comunidad eclesial en general. Esa es la raíz de todos los problemas. De la falta de vocaciones, del vaciamiento de los templos, del envejecimiento de los que asisten sin renovación generacional, de los desastres y escándalos que han ocurrido en todos los órdenes.
¿Y cómo se vuelve a Jesucristo vivo en el corazón? Pues solamente usando los evangelios como regla de vida, personal y eclesial. Ni más ni menos, así de simple. Cuando cotejas la enseñanza de Jesús con la vida actual de la Iglesia, a veces te quedas pasmado por el contraste. ¿Dónde has visto en el evangelio los lujos, las jerarquías dominantes, la discriminación por haber pecado?
Creo que coherentemente con lo anterior, el nuevo santo padre debiera habilitar el sacerdocio femenino; permitir que pudiera haber sacerdotes casados y célibes, abrir la comunión para quién desee recibirla independientemente de su pasado o de sus errores; hacer lo necesario para la unión de las iglesias cristianas en un mismo cuerpo; y renovar absolutamente la vida parroquial dando primacía a la tarea de los laicos, quienes son realmente los ladrillos que sostienen la casa común.
El nuevo Papa, debiera vivir como San Francisco, orar como San Benito, predicar como Santo Domingo y estar dispuesto a morir como San Esteban. Perdóname por opinar con tanto extremo y transparencia. Pero es que los tiempos actuales muestran una humanidad en fase cercana a lo terminal. La decadencia del nivel de consciencia es tan aguda que ha superado a las más imaginativas ficciones apocalípticas de las plataformas de entretenimiento.
Gobernantes de estados poderosos, con armamento nuclear y poder casi ilimitado, dicen y hacen cosas que no hubiéramos permitido al matón del grado en los colegios. Estamos naturalizando la barbarie y adormilados nos complacemos con la crítica de entrecasa. El momento actual necesita una irrupción de lo sagrado que no deje lugar a dudas, de manera que las personas puedan adherirse con confianza a una etapa de cambio real, profundo y que nos encamine decididamente hacia una familia humana universal, donde seamos conscientes de que lo que ocurre a uno le ocurre a todos.
El avance tecnológico no se corresponde con el crecimiento de la consciencia que tenemos como especie humana. Eso debe cambiar, hemos de equilibrar las herramientas que producimos con la lucidez de quienes las usan. Necesitamos, de verdad, una transformación profunda. Eso, pidiendo perdón por el atrevimiento, le diría al nuevo Papa. Que por favor, deje que Cristo actúe en él y que se olvide totalmente de sí mismo, para poder guiar la barca. Que viva la fe hasta las últimas consecuencias.
Ah y le diría también que no tenga miedo, que un amor infinito lo esta esperando al final del camino. Cuando cruce a la otra orilla, debe ir en paz por haber hecho lo mejor. Que puede pecar como lo hacemos todos, pero que no le falte la valentía que la hora requiere.
El texto anterior no es la opinión de la Fraternidad del Santo Nombre ,
que no tiene una opinión institucional ya que es solamente una agrupación de personas que se unen para orar;
sino solamente el punto de vista del administrador del blog elsantonombre.org (Mario Rovetto)
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