¡deja que el Espíritu sople en ti!

Si pudieras tener la oportunidad de estar allí cerca, el día en que se llega a un resultado en el cónclave… de pronto te encuentras con él en un pasillo, lo ves conmovido, sorprendido, quizá abrumado por la responsabilidad que se le avecina… imagínate que por esos caminos inescrutables de la providencia, se sienta a conversar un rato contigo. Imagina que en confianza te dice ¡Mira la que me ha tocado!!
¿Qué le dirías? De veras te lo propongo, animémonos a efectuar el ejercicio. Podemos decirle nuestro parecer respecto de como podría encarar el día a día, pero también respecto de aquello que creemos que la Iglesia necesita. Al final, todos somos la Iglesia, no solo aquellos que ocupan tareas dentro de la estructura institucional. Y ya sabemos, «que el viento sopla donde quiere; oyes su rumor, pero no sabes ni de donde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con el que nace del Espíritu«. (Juan 3, 8)
El cuerpo místico de Cristo, la Iglesia mistérica, es lo que debe animar a la parte visible e histórica, que se manifiesta en parte en lo institucional. Estos días son especiales; hemos de orar y contribuir para que se oiga la voz del Espíritu Santo y para que esta prime por encima de la mente mezquina, calculadora, que manipula y busca para sí y no para toda la humanidad.
En la sección de comentarios aquí abajo, pueden dejar aquello que como suave murmullo hemos escuchado en la oración o en el secreto del corazón. Esa palabra que le diríamos al oído al Papa desconocido, a ese que tendrá que lidiar con tiempos mundiales muy turbulentos y con su propio mundo interior. No lo olvidemos, es uno de nosotros, con toda la sombra y la luz que eso significa.
Ojalá nos animemos a dar nuestra humilde y pequeña opinión; una casa inmensa necesita de muchos pequeños ladrillos, de numerosos materiales, en ese sentido, todos somos imprescindibles. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.
