
«Por la gracia de Dios soy hombre y soy cristiano; por mis actos, gran pecador; por estado, peregrino de la más baja condición, andando siempre errante de un lugar a otro.
Mis bienes son: a la espalda, una alforja con pan duro, la santa Biblia en el bolsillo y basta de contar.
El domingo vigésimo cuarto después de la Trinidad entré en la Iglesia para orar durante el oficio; estaban leyendo la epístola de San Pablo a los Tesalonicenses, en el pasaje en que está escrito: Orad sin cesar.
Estas palabras penetraron profundamente en mi espíritu, y me pregunté cómo es posible orar sin cesar, siendo así que todos debemos ocuparnos en diversos trabajos a fin de proveer a la propia subsistencia. Busqué en la Biblia y leí con mis propios ojos exactamente lo mismo que había oído: Orad sin cesar; orad en todo momento en espíritu; orad en todo lugar levantando unas manos puras…»
de «El Peregrino Ruso»
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Breves notas:
El peregrino se reconoce pecador, es decir parte desde una situación de humildad.
El peregrino se maneja con lo necesario, no tiene nada superfluo.
El peregrino asiste a la liturgia y pone en ella su atención.
El peregrino reflexiona sobre la palabra de Dios y desea practicarla realmente en su vida.
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Ejercicio básico:
Sentarse en lugar tranquilo y durante 30 minutos repetir la oración de Jesús con los labios, tranquilamente, atentos a la presencia de Dios.
Podemos ayudarnos fijando la mirada en un icono de Jesús, suavemente iluminado o permanecer con los ojos cerrados si esto facilita la concentración.
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